Pocos organismos poseen una identidad visual tan reconocible como la NASA. Sin embargo, a lo largo de su historia la agencia espacial estadounidense ha estado representada por dos símbolos muy diferentes: el conocido emblema circular azul, apodado meatball, y el logotipo rojo de aspecto futurista conocido como worm, o “gusano”.
Lo curioso es que este último fue creado precisamente para sustituir al primero, cayó en desgracia durante casi tres décadas y terminó regresando convertido en un icono del diseño.
Un símbolo demasiado complicado para una nueva era
El emblema original de la NASA fue diseñado en 1959 por James Modarelli. Su composición reúne diferentes referencias a la actividad de la agencia: una esfera representa un planeta, las estrellas simbolizan el espacio, una órbita representa el viaje espacial y la forma roja central hace referencia a la aeronáutica.
Era un símbolo cargado de significado, pero también bastante complejo.

Durante los años setenta, esa complejidad comenzó a convertirse en un problema práctico. El emblema debía reproducirse constantemente sobre documentos, vehículos, señalización, uniformes, aeronaves y todo tipo de materiales. Con los sistemas de impresión de la época, sus múltiples elementos y colores no siempre funcionaban bien y podían acabar convirtiéndose, según recordaría años después el diseñador Richard Danne, prácticamente en una mancha.
En 1972, el gobierno estadounidense había puesto en marcha el Federal Design Improvement Program, una iniciativa destinada a mejorar la calidad del diseño y la comunicación visual de las instituciones públicas. La NASA fue una de las agencias seleccionadas para renovar su identidad.
El encargo llegó al estudio neoyorquino Danne & Blackburn, dirigido por Richard Danne y Bruce Blackburn.
Cuatro letras y ninguna barra en las A
La solución presentada en 1975 no podía ser más diferente al emblema anterior. El nuevo identificador eliminaba planetas, estrellas, órbitas y cualquier otro elemento figurativo. Se reducía simplemente a cuatro letras rojas: NASA.

Pero no se trataba de una tipografía convencional. Danne y Blackburn construyeron un lettering específico a partir de trazos continuos de grosor uniforme, eliminando incluso las barras horizontales de las dos letras A. Según el propio manual gráfico de la NASA, esta decisión aportaba al conjunto una sensación de verticalidad, precisión técnica y carácter contemporáneo.
Sus curvas continuas acabaron provocando que el diseño recibiera el apodo de “the worm”, el gusano.
Frente al complejo meatball, el nuevo símbolo era extremadamente sencillo, fácilmente reproducible y perfectamente adaptable a escalas muy diferentes.
Uno de los manuales gráficos más admirados del diseño
Danne & Blackburn desarrollaron alrededor del nuevo logotipo un completo sistema de identidad visual que quedó recogido en el NASA Graphics Standards Manual, publicado en 1976.
El documento establecía cómo debía aplicarse la identidad en prácticamente cualquier situación imaginable: publicaciones, señalización, vehículos, aviones, uniformes, naves espaciales o satélites. También definía colores, proporciones, retículas y usos incorrectos del logotipo.
El resultado se convirtió con el tiempo en uno de los grandes referentes del diseño corporativo moderno.

De hecho, décadas después de su desaparición, el interés por aquel manual seguía siendo tan grande que una campaña de micromecenazgo lanzada en 2015 para reeditarlo consiguió recaudar 941.966 dólares, aproximadamente cinco veces más de lo previsto inicialmente.
No está mal para un manual de identidad corporativa de una administración pública de los años setenta. Hay brand books actuales que probablemente no conseguirían recaudar ni para pagar las grapas.
Un diseño moderno que no gustó a todo el mundo
La nueva identidad tampoco fue recibida con entusiasmo dentro de toda la organización.
Los propios responsables de la NASA mostraron ciertas reticencias desde las primeras presentaciones. Para muchas personas, sustituir el tradicional emblema asociado a los primeros años de la carrera espacial por aquellas cuatro letras minimalistas significaba perder parte de la historia y el carácter de la agencia.
A pesar de ello, el worm se convirtió en la imagen oficial de la NASA y acompañó algunos de los momentos más importantes de su historia durante las décadas siguientes.
Hasta que, en 1992, la NASA decidió retirarlo y recuperar nuevamente el antiguo meatball. Durante años, el gusano quedó relegado principalmente a objetos históricos y productos de merchandising. Pero nunca desapareció del todo.
El regreso del gusano
En abril de 2020, la NASA anunció inesperadamente la recuperación del worm para determinados usos. El logotipo reapareció de forma oficial durante la misión SpaceX Demo-2, que devolvió los vuelos espaciales tripulados desde territorio estadounidense.

Desde entonces ha seguido apareciendo en algunas de las nuevas misiones de la agencia. También forma parte de la identidad visual aplicada a elementos del programa Artemis, destinado a llevar nuevamente astronautas a la Luna.
Actualmente el meatball continúa siendo el identificador principal de la NASA, mientras que el worm se utiliza como elemento gráfico complementario.
Paradójicamente, aquel logotipo que en 1992 parecía demasiado ligado a la estética de los años setenta es hoy percibido nuevamente como moderno.
Quizá ahí reside una de las mejores cualidades de un buen diseño: ser capaz de pertenecer claramente a una época y, al mismo tiempo, sobrevivir a ella.
Fuentes: NASA History Office; NASA Graphics Standards Manual; NASA Brand Center; Houston, We Have a Podcast.



